barra de labios

Los rojos ciruela regresan fuerte este invierno

Ante la profunda crisis que atravesamos, las mujeres optamos por pintarnos los labios de rojo. Las ventas de labiales se han convertido en un índice económico más, junto a la prima de riesgo y el IBEX 35. 

Como ya ocurriera en el crac de 1929 en EEUU y en las posguerras del siglo XX, los coloridos cosméticos se transforman en un arma de consuelo, en seguridad, en compensación, en medicamento contra la terrible enfermedad social que sufrimos.

Siete de cada diez mujeres no salen de casa sin su pintalabios y tienen hasta ocho de diversos tonos“, explica la maquilladora británica Linda Cantello, que trabaja a las órdenes del italiano Giorgio Armani. El pintalabios es “un índice imprescindible de ciertos momentos históricos, un modo de animarse“.

En el siglo XXI fue Leonard Lauder, ex presidente de Estée Lauder, quien resucitó el poder del maquillaje al comprobrar cómo aumentaron sus ventas tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York.  Las casas de cosméticos vieron muy claro el filón, por este motivo comenzaron a destinar millones de euros al fichaje de estrellas de cine, la música o la televisión. La casa francesa L´ôreal lanzó toda una paleta de pintalabios con el nombre propio de estrellas del celuloide. El rosa de Eva Longoria, el marrón de Aishwarya Rai, … creo recordar que me hice con el nude de Jane Fonda y el rojo de Penélope Cruz, firmados y todo.

Astor

Astor

Yo misma me sumé al índice “labio-económico” hace unos días, cuando mis ansias consumistas discutían con el demonio de la crisis colgado de mi conciencia y de mi monedero. A la “necesidad” de adquirir unos nuevos vaqueros le colgué la etiqueta de mero capricho.

Pero necesitaba un consuelo, un premio, una frívola ilusión… que terminó por convertirse en una barra de labios de uno de los nuevos tonos para este invierno de Astor: un rojo ciruela de lo más vamp que le quedaba de muerte a Heidi Klum. Nunca antes 7, 40 euros me habían proporcionado tanto consuelo. Y de repente me sentí como una neoyorkina en el 29.

 

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